• Mariana Escobar

Retrato De Una Rosa Con Espinas



-No es que pretenda ser diferente- Helena suspiró, resignada y con expresión de hastío, ante aquella frase que había escuchado ya tantas veces-. A decir verdad, me aburren sobremanera las miles de mujeres que proclaman a los cuatro vientos su incomparable individualidad, para atraer a sus posibles pretendientes, siendo tan sólo una copia gastada de tantas que creen haber inventado la rueda- Se detuvo, ante la expresión taciturna de Felipe, y trató de buscar las expresiones apropiadas para continuar y explicar su conducta, en el difícil intento de hacer más llevadera su situación-. Supongo que, en el fondo, todo se reduce a ese malsano pero irresistible deleite que me produce el no llenar las expectativas de nadie, en desdibujar de la mente de todos la imagen de lo que creen que debo ser, en frustrar los intentos de otros por amoldarme a un estándar que no es el mío, más allá de lo que anhela mi propia alma. Muchas luchan toda su vida por recibir la aprobación de la sociedad… Yo no puedo ni quiero ser lo que me piden. No si ello va en contra de todo lo que he soñado para mí. No si para ello tengo que traicionarme a mí misma.


No digo que no desee casarme nunca… sólo que no puedo amoldarme a la idea que todos tienen del matrimonio, y no puedo condenar a nadie a vivir con ese lastre; una persona como yo puede convertirse en eso, en un lastre, si tu visión de hogar es aquella que yo no puedo tolerar. Si no estás dispuesto a soportar una naturaleza como la mía, cuya única condición invariable es, precisamente, su incapacidad de amoldarse y seguir siendo la misma; si lo que buscas en una mujer es la imagen de alma sencilla, paciente y simple que sólo vive para esperarte en casa, por favor reconsidera tu oferta –Helena levantó su mirada, firme, pero serena y posó sus oscuros ojos sobre el rostro pensativo de Felipe-. Soy un mundo y todos al tiempo, Felipe; un mar que puede ser la más apacible calma, la más absoluta dulzura, la más incomparable paz; o la más violenta, intensa y desbordante de todas las tormentas; no siempre lo que esperas, en el momento que lo esperes, ni con la intensidad que lo esperas… ¿Podrías soportar algo así?...


Yo también deseo paz y seguridad, estabilidad, piedad y amor; una familia amorosa y feliz; creo en la entrega que surge entre dos corazones más allá del deseo o el fugaz sentimiento, en algo más profundo y duradero que tiene su origen en la perfección y la armonía de Dios; en un cariño sincero que se construya todos los días. Pero también creo que esa perfección y ese cariño no están exentos de intensidad, o de pasión, si se quiere. Yo busco algo que me haga vibrar el alma hasta los cimientos, que me haga sentir ganas de morirme y de vivir al mismo tiempo, esa llama que nace del alma e invade tu ser, sin consumirlo, como una zarza ardiendo en medio del desierto; busco un cariño que me inste a ser la mejor versión de mí misma, uno que me haga sentir la aventura diaria de vivir, incluso en la aparente calma de la cotidianidad, en los inviernos del alma, en el otoño de la vida. Creo en la entrega absoluta, incluso creo que una mujer puede entregarlo todo, en sumisión al hombre que es su esposo, para tener un hogar feliz; pero me considero incapaz de entregar todo eso a un hombre que no se haya ganado antes mi respeto, mi admiración y mi amor de manera absoluta, intensa y vehemente, porque esa es la única manera en la que yo sé amar.


Si a pesar de todo lo que he dicho, insistes en tu empeño de casarte conmigo; si aún después de comprobar que puedo ser la criatura más frustrante y absurda que hayas conocido jamás pretendes atar tu suerte a la mía y enfrentar las mil tormentas que te esperan, y piensas que, pese a todo, puedes soportar e incluso aceptar todo lo que implica amarme, entonces gánate mi amor, no como algo que se otorga por derecho, ni que se impone por obligación; no como quien propone un negocio razonable, ni como quien establece un trato conveniente, sino como quien persiste en conseguir aquello que su corazón reclama, y lo obtiene después de ganarlo en franca lid. Olvídate de nuestras familias y de las conveniencias sociales, lucha sólo si tu propuesta parte de un amor sin límites que es capaz de aceptarme como soy y de no rendirse en el intento de alcanzarme, pues has de saber que no tendrás de mi parte una respuesta positiva, a menos que hayas vencido todas mis resistencias y me hayas ganado por completo, solamente porque el resto del mundo y nuestra amable sociedad consideran que eres el perfecto partido para mí. Si no puedes soportar mis alas, déjame libre y no me detengas; pero si me deseas a tu lado, si incluso estás dispuesto a volar conmigo tan alto como nos lleven nuestros sueños, entonces dame un lugar al cual regresar, dame el anhelo de volver a ti, y sin importar cuán alto vuele, regresaré a tu lado sin que tengas que pedirlo.


Así y sólo así aceptaré ser tu esposa…


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