• Mariana Escobar

Epitafio Para Narciso


Narciso, Narciso

Se ha secado tu hogar en el estanque,

Y te has quedado, en lo profundo, dormido;

Tu piel de loto se ha ajado,

Tu alma débil se ha marchito.

Y ya las mariposas no se posan en tu hombro,

Ya las ninfas no envidian tu cutis de lirio.


Ya los trovadores no llenan sus cántaros

Con el agua que fluye de tus ojos divinos,

Pues se han dado cuenta que tu tez desgastada,

Son las piedras mojadas de un manantial extinto;

Corrientes ufanas de agua estancada,

Que no calman la sed, ni sacian el hastío.


Narciso, Narciso,

¿Qué queda en tu corazón cuando se apagan las luces

Cuando el silencio envuelve las caracolas de tu oído?

¿Qué virtud en tu espíritu dará nombre a las flores?

¿Cómo he de recordarte cuando todo se haya perdido?

¿Y en qué templo hallaré tallada tu tersa frente

Postrado rostro en tierra, como adorador genuino?


¿Qué quedará de ti, cuando la tierra haya abrazado

Los brazos que antes fuesen de aquel mármol tan fino,

Cuando sólo las tinieblas puedan besar tus labios,

Y ya no exista el rostro que evocaba suspiros?

¿Qué será de tu nombre, cuando se borre el recuerdo

De las gracias banales que te ataste en el cinto?


Narciso, Narciso

De material vil es tu estatua,

No de bronce tallado, ni de oro macizo;

Fue tu fuego tan fatuo, tan terrena tu esperanza,

Que se ha moldeado tu imagen sólo en barro cocido

Barro que, al tocar el suelo -pues no hay lugar para él en el cielo-,

Se rompe en mil pedazos, y se deshace en añicos


Y te haces uno con el aire, que te eleva sin inmutarse,

Para esparcir tu memoria en la brisa del olvido;

Pues aquellos que te adoraban, hoy ya tienen su morada

En otro altar cuyo rostro fue por dioses esculpido


Narciso, Narciso

Mueren las glorias pasadas,

Pero el tiempo desperdiciado, puede aún ser redimido;

Despierta, que aún duermes, en el borde del lago,

La mortaja del sueño aún no te ha cobijado

Y aún puedes adornar tu cuello con colores más vivos,

Aquellos que pintan los colores del Cielo,

Aquellos que tallan tu figura en el firmamento,

Y en las aguas de lo eterno, pueden hacerte infinito

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