• Mariana Escobar

Amaranta

Dime, flor de amaranto

¿Qué ves en el espejo?

¿Los diáfanos sueños que siembras, al paso?

¿Las negras esquirlas de los que se rompieron?

¿El río turbulento que muere en tu llanto?

¿O la lluvia temprana que nace en tu Cielo?

¿La mano extendida de quien se ha quedado?

¿O el puño cerrado de los que se fueron?


Dime si es que aún te abrasa el pasado,

Y si acaso pesan más en tu recuerdo

Las rosas que, antaño, tus días perfumaron;

O las crueles zarzas que tu noche hirieron.


Dime, flor de amaranto

¿Qué sombra nubla tus pensamientos?

¿De qué color los ojos son, que te clavaron

Mil y un puñales, en medio del pecho?

¿De quién es el nombre que lloran tus labios

En el sopor de la fiebre y la inquietud del sueño?

Aquel que maldices, ante tus quebrantos

Aquel que bendices, en todos tus rezos.


Dime si por fin lograste olvidarlo,

O aún guardas por él la flor de tus huertos;

Si en tus azucenas florece el verano

O en tu enredadera se teje el invierno.


Dímelo, flor de amaranto,

Que es mucho lo que amo, mucho lo que pienso;

Que guardo por ti, en el fondo del saco,

Un corazón en blanco, para ser tu lienzo;

Uno en el que pintes tus sueños lejanos,

Y en que desdibujes todos tus silencios;

En el que mi anhelo te tiende los brazos

Para hacerle cunas a cada desvelo.


Si tú te decides, ofrendaré mis años

Ante aquel altar, que es tu costurero;

Y coseré mi alma en tus blancas manos,

Bordando tu nombre en cada pañuelo.


Dímelo, flor de amaranto,

Que muere mi amor, presa del ensueño

Y la melodía que por ti he cantado,

Sin tu bendición, se vuelve lamento.

Que soy prisionero de tu desamparo,

Ave encarcelada en tus sentimientos;

Y en esta ilusión he depositado

Mis glorias pasadas de recio guerrero.


Dime, y volaré hasta tu regazo,

Llevando a tu boca mi postrer aliento,

Para que allí mueran mis años aciagos

De cien soledades y mil desconsuelos.

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