• Mariana Escobar

Elegía De Tambores


Y enmudecieron de nuevo los tambores,

Cesaron las danzas;

Los pies corren de nuevo, presurosos,

Pero no es el baile el que los mueve,

Sino la música de las armas;

Y vuelven a sufrir nuestros lirios,

A quienes empeñamos nuestra palabra,

De darles un prado fértil y nuevo,

Donde pudiesen germinar sus alas


¿Dónde está tu gloria inmarcesible?

¡Oh, patria desangrada!

El júbilo no es inmortal... Ése es el odio,

La codicia, la maldad y la infamia;

¿Dónde quedaron las sonrisas?

¿A dónde se fue la esperanza?

Si el río vuelve a teñirse de sangre,

Tus bosques vuelven a arder en llamas,

Y en las escuelas no hay libros, no hay niños...

Tan sólo las huellas infames de las balas


No, no ha cesado la horrible noche,

Y esta penumbra me agobia el alma;

Pues de este cielo ha vuelto a huir la Luna,

Costal al hombro, también desplazada;

Por las veredas, huyen con ella mis hermanos,

Sembrando llanto en la tierra por la que pasan;

Esa, en la que un día plantaron sus sueños,

Pero que, a mano armada, mudaron de dueño,

Con la venia de aquel que todo el oro no sacia


Y se silencian las voces, sólo se escucha el duelo,

De hijas y madres; de esposas y hermanas;

Y se multiplican los nombres llorados frente a un féretro,

Por aquellos que se fueron, y no volvieron a casa;

Pero nadie los ve… Son invisibles

No llevan apellido sus tumbas, ni una cruz alzada,

Tan ignorados en la muerte, como lo fueron en vida,

Siendo mucho antes de morir, sólo fantasmas


¡No te engañes, país indolente!

Que reina en asfalto, donde los gritos no le alcanzan

¡A la muerte no le importan los partidos!

¡De derecha e izquierda, ella no sabe nada!

La guerra la sufren en los montes,

Miles de inocentes, de quienes los diarios no hablan;

Y son tus hijos a los que desangra la herida,

Que ni siquiera salpica las corbatas

De aquellos a los que les rendiste el futuro,

A cuenta de mentiras viles, y de promesas fatuas


Yo no nombro victimarios en esta contienda,

Hoy son unos pocos, serán otros mañana;

Pero las víctimas, los muertos, los que sufren

Tienen siempre un rostro y un hogar en las montañas;

Y por ellos es que me duele el pecho,

Por ellos es que me sangra esta pluma macabra;

Porque muchos, entre sedas, se señalan con el dedo,

Y hablan con rencor de un dolor que no les calza,

Pero es en las entrañas de la tierra que resurge el miedo,

Y los campos son los que tiemblan, donde antes hubo calma


Y serán ellos los que guarden silencio,

Los que duerman sin paz, en fosas olvidadas;

Clamando justicia a una Temis que es ciega,

O que, en su defecto, tiene la conciencia comprada;

Yo sólo puedo gemir, en estos pobres versos,

Bajo el velo de una plegaria elevada;

Creyendo que hay un Tribunal más Alto, más perfecto

Que nunca ha volteado, ni escondido Su mirada


Quizás en esta tierra triste y violenta,

De ríos bermejos y praderas atormentadas,

Vuelvan a ser de limpio azul los riachuelos,

Y el rojo sólo brille en una bandera en asta;

Que el Señor nos proteja, es mi clamor hoy día

Dios y Patria, nunca fue tan necesaria;

Que la humanidad entera, que gime entre cadenas

Como reza aquella canción de letras oxidadas,

Realmente mire al Firmamento, en lugar de hundirse en el suelo,

Y huya hacia la Cruz, donde la libertad fue alcanzada

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