
Vuela el águila aquitana
Como ángel solitario bajo la noche oscura;
Despliega el brillo argentino de sus alas
Y se eleva al infinito, cobijada por la luna
Emerges sobre antiguos campos de batalla
De fuegos extinguidos y pasiones lejanas
Donde la sangre de otros amores ya ha sido derramada
Y se ha secado en el rostro la última lágrima.
Ya del dolor no consume la impetuosa llama
(El viento la ha tornado en ceniza y escarcha)
Se han acallado las voces, tan sólo el silencio habla
Y cerrada una vez la herida que tu pecho atravesaba
Cicatrizaron aquellas que desgarraban tu alma
Ya nada te detiene en este valle de ánimas
Pues los que ayer contigo estaban hoy sólo son fantasmas.
Resurge como el fénix, que de sus cenizas se levanta
Y levanta presurosa el vuelo hacia tu morada;
Deja aquí los escombros de tus guerras pasadas,
Huye hacia aquel monte donde la desdicha no te alcanza
Renueva tu coraje, derriba las murallas
Y descansa bajo el sol, cuyos rayos te bañan
Alejada del rencor y las miserias humanas
Fuiste un lirio florecido en una tierra olvidada
De musas y trovadores; de salterios y arpas;
De valientes caballeros y reinas legendarias...
Fuiste un lirio, mas es sangre lo que corre por tus venas
Y no savia...
Eres ave guerrera, majestuosa y elevada
De hermosos ojos leonados y enormes alas de plata
Que enfrenta a sus enemigos y los despedaza con sus garras.
No te deparó el destino el prado en el que descansan
Las flores más hermosas y los pájaros que cantan;
Para ti son los caminos en los que reina la espada
Para ti la serpiente asesina y el áspid emponzoñada
¡Despierta, tú que yaces en tu jardín aletargada!
Alimentada por la lluvia, y no por la pieza despedazada;
Vuela a vencer el león que te ataca por la espalda
Y te clava los dientes hasta lastimar tus alas;
Destruye a la flor de lis, filosa como daga,
Que se te entierra en el pecho para destrozarte el alma.
Aunque fiero sea el león y puntudas sean sus garras
Y la flor de lis, artera, se convierta en salamandra,
No permitas que veneno ni herida te disuada
De seguir volando hacia el cielo en tu viaje sin escala;
Son fuertes tus dolores, pero más fuerte es tu coraza
Y tu enemigo caerá vencido -has de verlo, que no tarda-
Cuando cese esta noche oscura y comience la mañana
El águila de Aquitania ha vuelto a extender sus alas
Y se eleva al firmamento hasta perderse en la nada;
Tan sólo quedan vestigios de sus congojas pasadas
Y ruinas envejecidas de las ciudades amuralladas;
¡Ha triunfado su valor, vencido su noble casta!
Y ya no han de levantarse aquellos que le atacaban.
Vuela, vuela, valiente ave de ojos escarlata
Descansa bajo ese cielo que en otros tiempos soñabas
Oculto por el llanto que ante el dolor derramabas;
Que nunca pudiste ver la paz que a los valles baña
Pero es tuyo el horizonte que cobija las montañas
Vuela el águila aquitana
Bajo la noche oscura, como ángel solitario;
Despliega el brillo dorado que cubre sus nuevas alas
Haciendo nacer el alba en medio del cielo estrellado...
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